jueves, 24 de octubre de 2013

EL JUEVES ES EL MEJOR DÍA PARA TENER SEXO, AUMENTA LA CREATIVIDAD


Los hermanos Orville y Wilbur nacieron y crecieron pobres en Dayton, un pueblito de Ohio (Estados Unidos), a finales del siglo XIX. Solamente pudieron terminar el bachillerato pero eran mecánicos excepcionales, así que abrieron un taller de construcción y reparación de bicicletas. Orville, el menor, era campeón de ciclismo, y esa fama ayudó a que el taller creciera. Pero el gran sueño de los
dos hermanos era volar, por lo que investigaron y probaron máquinas durante 15 años hasta que pudieron construir un aparato que recorrió por sí mismo en el aire casi 50 metros. Fue el 17 de diciembre de 1903, y ese día nació la aviación moderna. Los hermanos son conocidos por su apellido: Wright. Ese 17 de diciembre fue jueves.
También fue un jueves cuando Roald Amundsen plantó la bandera de Noruega en el Polo Sur: 14 de diciembre de 1911. El Muro de Berlín fue derribado definitivamente un jueves de 1989, y ese día cambió para siempre el mapa de nuestro mundo. ¿Lo recuerdan? Un jueves de 1995 media Colombia se aburría viendo un partido amistoso entre la Selección y el equipo de Inglaterra en el estadio de Wembley, hasta que en el minuto 22 el gran René Higuita tapó con la planta de sus dos pies un tiro que iba para gol. Un jueves nacieron Bolívar y Leonardo da Vinci. Cada día de la semana tendrá sus propias celebridades, pero era jueves cuando llegaron a este mundo el hombre que liberó las mentes de Europa en el Renacimiento y el que libertó cinco repúblicas de América en el siglo XIX.
No es el típico dato que sacan de la manga los noticieros cuando no hay suficientes novedades en la rocambolesca acualidad nacional: el jueves es el mejor día para tener sexo. La investigación no la hizo una universidad de garaje australiana, sino la mismísima London School of Economics, alma máter de ministros y presidentes del mundo entero. Al parecer, las hormonas masculinas y femeninas se encuentran en perfecta sincronía los jueves; ese día el cuerpo ha asimilado por completo la pausa del fin de semana y las tormentas que trae el arranque laboral, que nuestro reloj biológico conoce bien.
Ha pasado ya el descanso dominical, el estrés que implica el comienzo de las actividades -otro estudio que también puede considerarse serio señala que los lunes son los días en los que hay mayor cantidad de infartos- y la cresta de productividad del martes. El jueves la biología de hombres y mujeres está a punto, en perfecta sincronización. Esta tendencia y las otras referidas a los días de la semana están avaladas por kilómetros de datos y porcentajes. Ya ve: esa tristeza tan horrible de los domingos al final de la tarde viene de sus hormonas.
El jueves, pues, está todo en orden, en plena madurez. En Roma, donde se inventaron nuestro calendario, ese era el Iovis dies, el día de Júpiter. No era un dios cualquiera, se trataba del mismísimo Zeus de los griegos, el mandamás.
Desde Mesopotamia, los períodos temporales se medían según los movimientos celestes, y al astro más brillante -después del Sol y la Luna, que tenían régimen especial- se le asignó ese día. Júpiter representa el poder soberano, el pleno dominio de las facultades; en palabras de monsieur Jean Chevalier en su prestigioso Diccionario de los símbolos: "Por su talla y posición el planeta que lleva el nombre de Júpiter ocupa el lugar central entre los astros que giran alrededor del Sol. [...] Por analogía con este lugar escogido, Júpiter encarna en astrología el principio del equilibrio, la autoridad, el orden, la estabilidad en el progreso, la abundancia y la preservación de la jerarquía establecida".
El jueves sigue teniendo importancia, como la tenía antes para nuestros antepasados: se ha determinado que el año tendrá tantas semanas como jueves tenga. Lo dispone así la norma ISO 8601, que estandariza el manejo y notación de los intervalos de tiempo.
Ese respeto reverencial por el dios de dioses y el día dedicado a él pareciera estar enterrado en lo más profundo del ADN humano como una certeza ancestral. Quizá eso explique las pocas canciones, películas y novelas populares dedicadas a los jueves. En la literatura está esa novela que fue un éxito en ventas a comienzos del siglo pasado, El hombre que fue Jueves, de Chesterton, y poco más.
Para el cine los días preferidos son los lunes y los viernes: el comienzo y el fin del ciclo semanal. Para la música popular el viernes es el favorito, a él están dedicadas las piezas más vivaces. Las canciones que cuentan historias en domingos y lunes son casi siempre tristes: recuérdense Gloomy sunday y Blue monday, para poner apenas dos casos que se me vienen a la mente.
No obstante, la mayoría de nosotros vamos por la vida sin reparar mucho en lo que dictan los astros, sin sentir el pálpito prehistórico que destaca al jueves como el día del dios Júpiter. Para algunos el jueves será el 'juernes', y para otros el día que sigue al miércoles. Cada día trae su brillo y sus sombras, o cada quien le pone la intensidad de luz que crea conveniente.


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