Los hermanos Orville y Wilbur nacieron
y crecieron pobres en Dayton, un pueblito de Ohio (Estados Unidos),
a finales del siglo XIX. Solamente pudieron terminar el bachillerato pero eran
mecánicos excepcionales, así que abrieron un taller de construcción y
reparación de bicicletas. Orville, el menor, era campeón de ciclismo, y esa
fama ayudó a que el taller creciera. Pero el gran sueño de los
dos hermanos era volar, por lo que
investigaron y probaron máquinas durante 15 años hasta que pudieron construir
un aparato que recorrió por sí mismo en el aire casi 50 metros. Fue el 17 de
diciembre de 1903, y ese día nació la aviación moderna. Los hermanos son
conocidos por su apellido: Wright. Ese 17 de diciembre fue jueves.
También fue un jueves cuando Roald
Amundsen plantó la bandera de Noruega en el Polo Sur: 14 de diciembre de 1911.
El Muro de Berlín fue derribado definitivamente un jueves de 1989, y ese día
cambió para siempre el mapa de nuestro mundo. ¿Lo recuerdan? Un jueves de 1995
media Colombia se aburría viendo un partido amistoso entre la Selección y el
equipo de Inglaterra en el estadio de Wembley, hasta que en el minuto 22 el
gran René Higuita tapó con la planta de sus dos pies un tiro que iba para gol.
Un jueves nacieron Bolívar y Leonardo da Vinci. Cada día de la semana tendrá
sus propias celebridades, pero era jueves cuando llegaron a este mundo el
hombre que liberó las mentes de Europa en el Renacimiento y el que libertó cinco
repúblicas de América en el siglo XIX.
No es el típico dato que sacan de la
manga los noticieros cuando no hay suficientes novedades en la rocambolesca
acualidad nacional: el jueves es el mejor día para tener sexo. La investigación
no la hizo una universidad de garaje australiana, sino la mismísima London
School of Economics, alma máter de ministros y presidentes del mundo entero. Al
parecer, las hormonas masculinas y femeninas se encuentran en perfecta
sincronía los jueves; ese día el cuerpo ha asimilado por completo la pausa del
fin de semana y las tormentas que trae el arranque laboral, que nuestro reloj
biológico conoce bien.
Ha pasado ya el descanso dominical, el
estrés que implica el comienzo de las actividades -otro estudio que también
puede considerarse serio señala que los lunes son los días en los que hay mayor
cantidad de infartos- y la cresta de productividad del martes. El jueves la
biología de hombres y mujeres está a punto, en perfecta sincronización. Esta
tendencia y las otras referidas a los días de la semana están avaladas por
kilómetros de datos y porcentajes. Ya ve: esa tristeza tan horrible de los
domingos al final de la tarde viene de sus hormonas.
El jueves, pues, está todo en orden,
en plena madurez. En Roma, donde se inventaron nuestro calendario, ese era el
Iovis dies, el día de Júpiter. No era un dios cualquiera, se trataba del
mismísimo Zeus de los griegos, el mandamás.
Desde Mesopotamia, los períodos
temporales se medían según los movimientos celestes, y al astro más brillante
-después del Sol y la Luna, que tenían régimen especial- se le asignó ese día.
Júpiter representa el poder soberano, el pleno dominio de las facultades; en
palabras de monsieur Jean Chevalier en su prestigioso Diccionario de los
símbolos: "Por su talla y posición el planeta que lleva el nombre de
Júpiter ocupa el lugar central entre los astros que giran alrededor del Sol.
[...] Por analogía con este lugar escogido, Júpiter encarna en astrología el
principio del equilibrio, la autoridad, el orden, la estabilidad en el
progreso, la abundancia y la preservación de la jerarquía establecida".
El jueves sigue teniendo importancia,
como la tenía antes para nuestros antepasados: se ha determinado que el año
tendrá tantas semanas como jueves tenga. Lo dispone así la norma ISO 8601, que
estandariza el manejo y notación de los intervalos de tiempo.
Ese respeto reverencial por el dios de
dioses y el día dedicado a él pareciera estar enterrado en lo más profundo del
ADN humano como una certeza ancestral. Quizá eso explique las pocas canciones,
películas y novelas populares dedicadas a los jueves. En la literatura está esa
novela que fue un éxito en ventas a comienzos del siglo pasado, El hombre que
fue Jueves, de Chesterton, y poco más.
Para el cine los días preferidos son los lunes y los viernes: el comienzo y el fin del ciclo semanal. Para la música popular el viernes es el favorito, a él están dedicadas las piezas más vivaces. Las canciones que cuentan historias en domingos y lunes son casi siempre tristes: recuérdense Gloomy sunday y Blue monday, para poner apenas dos casos que se me vienen a la mente.
Para el cine los días preferidos son los lunes y los viernes: el comienzo y el fin del ciclo semanal. Para la música popular el viernes es el favorito, a él están dedicadas las piezas más vivaces. Las canciones que cuentan historias en domingos y lunes son casi siempre tristes: recuérdense Gloomy sunday y Blue monday, para poner apenas dos casos que se me vienen a la mente.
No obstante, la mayoría de nosotros
vamos por la vida sin reparar mucho en lo que dictan los astros, sin sentir el
pálpito prehistórico que destaca al jueves como el día del dios Júpiter. Para
algunos el jueves será el 'juernes', y para otros el día que sigue al
miércoles. Cada día trae su brillo y sus sombras, o cada quien le pone la
intensidad de luz que crea conveniente.
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