En los albores de la humanidad, el que los machos de la especie tuvieran múltiples compañeras sexuales pudo ser una estrategia evolutiva para asegurar la sobrevivencia de la especie. Sin embargo, han pasado unos buenos 50 mil años desde aquellos días y los seres humanos hemos cambiado mucho –pero tal vez no completamente. Según los psicólogos Natasha Tidwell y Paul Wastwick, el autocontrol necesario para no sucumbir al deseo sexual socialmente reprobado (aventuras sexuales de una noche, urgencia de “tirar a lo que se mueva”, etc.) está presente tanto en hombres como en mujeres, pero el deseo sexual de los hombres parece oponerles menos obstáculos, derrotando su autocontrol.
En otras palabras: los hombres tienen mayores dificultades para resistir la tentación.
En un estudio conducido entre 600 estudiantes universitarios, hombres y mujeres, se les pidió que jugaran con un programa de computadora que les mostraba miembros del sexo opuesto, a los cuáles debían elegir o descartar rápidamente; el único criterio era elegirlos o descartarlos según los consideraran “buenos para ti” o “malos para ti”.
En medio de la rápida sucesión de imágenes de la pantalla, los participantes jalan una palanca hacia ellos para aceptar un “buen” candidato o empujan la palanca hacia la computadora para indicar que la imagen muestra un candidato “malo” y no deseable.
Los investigadores notaron que los hombres tenían mayor dificultad para hacer elecciones rápidas, y que se equivocaron o dudaron más que las mujeres en el momento de jalar la palanca hacia uno u otro lado. La interpretación de esto es que los hombres experimentan un mayor impulso de juzgar las imágenes de las mujeres basándose en el atractivo físico, mientras que las mujeres tuvieron respuestas más estables y precisas.
Este tipo de investigaciones no son absolutamente concluyentes, y aunque no es la intención justificar evolutivamente la tendencia de los hombres a flirtear o hacer avances sexuales más abiertamente que las mujeres, nos ponen a pensar que la racionalidad se ve impedida muchas veces por la urgencia de conseguir parejas sexuales simplemente porque la opción se presenta, y no basándose en prever las posibles consecuencias negativas que esto podría tener.
¿Será que la historia bíblica de Adán y Eva ilustra esto justamente? ¿Que los hombres no eligen basándose en previsión de consecuencias ni de manera racional, sino que caen en la tentación porque pueden?
