"Uno más uno es 69: dos personas
entrelazadas una sobre la otra, específicamente sobre
su sexo". Nada mejor que esta célebre frase del escritor surrealista
Raymond Queneau para describir una de las posiciones más placenteras del
encuentro amoroso.
Postura infaltable en la batalla entre las
sábanas, parte indiscutida de la previa, número erótico
por excelencia, mucho se ha dicho sobre el origen de su nombre. Esta es la
verdadera historia.
El año de la revolución (sexual)
Francia le puso el nombre, imaginativo por cierto, hace
mucho tiempo. Y así permaneció en el argot de las clases más populares,
limitado a los prostíbulos y los peep-shows hasta… ¡1969! Ese año, el dúo
formado por Serge Gainsborough y Jane Birkin –famosos ya por su “Je t’aime moi
non plus”– proclamaron al ritmo de su música “¡69, año erótico!”.
A partir de ese momento, y cual explosión orgásmica, el
nombre de esta postura superó todas las fronteras e idiomas convirtiéndose en
un clásico hot que equipara a los dos miembros de la pareja: ambos dan y
reciben, lo que está abajo puede, luego, estar arriba.
El arte del amor
Desde hace más de dos mil años esta posición se practica
en Oriente y, además, tiene un nombre particular. En el templo Laksmana de
Khajuraho, en la India, construido en el siglo X a.C., se ven apasionadas
esculturas en lo que Vatsyayana denomina en el Kamasutra “kalila” o “postura
del cuervo”. Seguramente, esto se deba a la costumbre de estos pájaros de
entrelazar las cabezas.
Bien visto también en el Taoísmo, el 69 es un símbolo
taichi en el que el yin y el yang fluyen en armonía. En el Tantra, esta
práctica crea una corriente energética entre los amantes que nivela e integra
los planos físico y mental.
En Occidente, en cambio, hubo que esperar hasta mediados
del siglo XIX para ver el arte de la erótica plasmando la postura. Del año 1848,
una litografía de Achille Devería, da el primer testimonio de este placer
amatorio que aún el lenguaje no se animaba a nombrar.
Un juego de a dos: las tres diferentes posiciones
El 69 se asemeja al dibujo que representa el signo de
Cáncer, un signo de agua, tal como de agua es todo en esta posición en la que
las bocas se desbordan como ríos sobre los genitales de la pareja.
Cual dioses del erotismo, los amantes que practican esta
postura se adentran en los secretos más íntimos del otro: la “fellatio” se convierte
en tocar la flauta de jade y el “cunnilingus", en beber en la fuente de
jade.
En el Kamasutra del amor, la ubicación tradicional sitúa
a la mujer acostada de espaldas sobre la cama con el hombre arriba. Para los
más osados, otra posición encuentra al hombre de pie mientras la mujer, con las
piernas anudadas a su cuello, posa la cabeza en su miembro mientras recibe
placer. Finalmente, la versión francesa, en la que ambos se cruzan acostados de
lado para, así, explotar de pasión.
